El padre de Zahira vivía hace 38 días el peor día de su vida: frente a sus ojos, un árbol aplastaba a su hija de seis años mientras jugaba en una plaza de Almagro. Cuando todos los partes médicos hablaban de la gravedad del estado de la chiquita, Adrián Morales, quebrado por la preocupación, pero con la confianza intacta, prometía que en un tiempo lo iban a ver bajando las escaleras con Zahira, Agustín (su otro hijo) y su mujer. Y así fue. Esta mañana, los cuatro, de la mano, cruzaron la puerta del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez.
Con un vestidito blanco y un gorro encima de las vendas que cubren su cabeza Zahira se encontró con los periodistas que hacían guardia en la puerta esperando su salida. "Bien", a secas, respondió cuando le preguntaron cómo se sentía. Y comentó que sus planes afuera del hospital incluyen "ir a pasear, jugar a cualquier cosa divertida y abrazar a Agustín", su pequeño hermanito al que no veía desde hace un mes y al que le susurró un "te amo" en el reencuentro. "Yo también te amo", le dijo él.
Con los ojos bañados en lágrimas, Adrián vivió el desahogo de más de un mes de dolor y preocupación. "Lloro de alegría", afirmó, poco después de que la nena lo estrechara en un abrazo, lo mirara a los ojos y le acariciara dulcemente la nariz.
Bárbara, su mujer, que se peló para acompañar a su hija, explicó que Zahira está bien, pero que "todavía no regula la temperatura corporal, a veces se pone hipotérmica" y que está tomando medicación "muy fuerte" para evitar las convulsiones. La rehabilitación, dijo, demandará unos dos años.
"Ahora que mi hija está bien, voy a apuntar a los responsables" del accidente que puso en peligro la vida de la nena. Y precisó que no se conformará con que "caigan los perejiles". En la misma línea, su marido había dicho más temprano que no le bastará con "una renuncia".
También aclaró que "ahora va a ser diferente todo" para ellos, ya que la nena "tiene que seguir con medicación, hacer rehabilitación, y nosotros tenemos que evitar que se caiga, que se golpee" por las posibles consecuencias en su cabeza. A raíz de eso, la familia se alojará durante un tiempo en un hotel, ya que "donde yo alquilo no la puedo tener, por las complicaciones que tiene mi hija, ya que tiene baño compartido", explicó Morales.
El 25 de febrero, Zahira soplará siete velitas. Su papá y su mamá lo sabían desde un principio.
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